¡MANDE FIRMES! ESTO NO ES UNA OBRA DE PROPIEDAD INTELECTUAL

 

cofnidencial

A vueltas sobre el concepto de originalidad.

En otra reciente entrada de nuestro blog hablábamos de la posibilidad de proteger la imagen de un edificio vía derechos de autor, generalmente asumida si se cumplen los presupuestos de la Ley de Propiedad Intelectual, en particular el consabido requisito de la “originalidad” de la obra.

Y, efectivamente, el requisito de la originalidad (y el más reciente de “altura creativa”) exigible a una creación intelectual, es casi siempre el caballo de batalla y al mismo tiempo el gran olvidado por quienes a la primera de cambio invocan sus derechos de autor frente a cualquier actuación de tercero. Porque no, no toda creación del intelecto, por mucho esfuerzo que hayamos invertido en ella, es digna de ser calificada como tal, al menos en nuestro país. Y en este ejercicio de delimitación entran en juego tantas consideraciones, existen tantas pautas interpretativas y es tan dependiente del caso concreto, que al final muchas veces hasta que uno no se la juega en los Tribunales, con todos los imponderables, no sabe a ciencia cierta si aquella creación en la que dejó su impronta más o menos personal merece o no el codiciado reconocimiento.

En la Unión Europea se siguen realizando esfuerzos por armonizar ese concepto, porque todavía los Estados miembros mantienen interpretaciones dispares al respecto.

Muestra de ello es la cuestión prejudicial planteada por el Bundesgerichtshof (Tribunal Supremo de lo civil y penal alemán) ante el Tribunal de Justicia de la UE, al que se le someten dudas interpretativas sobre los límites de la protección de derechos de autor con la libertad de expresión e información (asunto C-469/17 Funke Medien NRW GmbH/República Federal de Alemania)

El contexto era el siguiente: La República Federal de Alemania encarga periódicamente la elaboración de un informe de situación militar acerca de las intervenciones en el extranjero de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas), que tienen la consideración de «documentos clasificados — restringidos», que es el nivel de confidencialidad más bajo. Regularmente se publican resúmenes de tales informes.

La empresa alemana que gestiona la web del diario Westdeutsche Allgemeine Zeitung, ante la negativa inicial de permitir divulgar algunos de esos informes completos (por cuestiones de “seguridad”) los acabó obteniendo por otras vías y publicando. Y las autoridades alemanas iniciaron acciones contra la editora del periódico, pero no lo hicieron con base en el carácter confidencial de la información (al entender que la potencial amenaza a la seguridad del Estado que se derivaba de dicha publicación no justificaba una injerencia en la libertad de prensa) sino por infracción de derechos de propiedad intelectual sobre los informes. Su demanda fue estimada en primera instancia y confirmada en apelación, y la demandada plantea un recurso de revisión ante el Bundesgerichtshof (Tribunal Supremo alemán)

Es en esa tesitura que dicho Tribunal alemán suspende el procedimiento y solicita al Tribunal de Justicia que interprete el Derecho de la Unión en materia de protección de los derechos de autor, la Directiva 2001/29/CE, a la luz del derecho fundamental a la libertad de de información y la libertad de prensa (art.11 Carta de derechos fundamentales de la UE).

Pues bien, se acaban de publicar las Conclusiones del Abogado General Szpunar, previas a la sentencia (pero no vinculantes) que deberá dictar el Tribunal de Justicia, interesantes por el trato que dispensa a los distintos conceptos que se cuestionan, originalidad, autoría, y libertad de expresión, y que merecen una lectura sosegada, también por las complejas cuestiones de tipo procedimental que allí se plantean y que no vamos a entrar a analizar, porque excedería del interés inicial de este post.

En definitiva, ¿Un informe militar puede acogerse a la protección del derecho de autor, en las mismas condiciones que el resto de obras literarias? ¿Quién es su autor? ¿De ser considerado obra de propiedad intelectual, deben tomarse en consideración otros factores, en particular la libertad de información, a efectos de atenuar, o incluso excluir, esta protección? (art. 5.3 c) y d) de la Directiva)

El Abogado General comienza recordando que el derecho de autor no protege las ideas sino su expresión, de forma que “esta exclusión de las ideas de la protección del derecho de autor se extiende a la información «bruta», es decir, presentada tal cual. Desprovista de todo enriquecimiento, la expresión de la información se confunde entonces con la propia información. La monopolización de la expresión a través del derecho de autor llevaría por lo tanto a la monopolización de la información”

Además, insiste en que es preciso que constituya una creación intelectual original atribuible a su autor, en el sentido de que haya podido expresar su capacidad creativa, tomando decisiones libres y creativas. En cambio, recuerda, “cuando la expresión de los componentes del objeto en cuestión viene impuesta por su función técnica, el criterio de la originalidad no se cumple, ya que las diferentes maneras de poner en práctica una idea son tan limitadas que la idea y la expresión se confunden. Esa situación no permite al autor expresar su espíritu creador de manera original y llegar a un resultado que constituya una creación intelectual propia.  Únicamente la creación intelectual original atribuida a su autor, en el sentido definido anteriormente, participa de la cualidad de obra digna de protección a través del derecho de autor”.

Lo anterior le lleva a dudar de que los informes militares en cuestión puedan ser considerados obras en el sentido del derecho de autor, por cuanto sus autores (seguramente, dice, funcionarios u oficiales de las Fuerzas armadas alemanas) no han podido tomar decisiones libres y creativas para expresar su capacidad creativa al redactarlos. Se trata por el contrario de documentos puramente informativos, con una estructura consistente en presentar periódicamente información relativa a cada misión extranjera de las Fuerzas armadas,  redactados inevitablemente en un lenguaje simple y neutro, con contenido totalmente determinado por la información que contienen, “de manera que esta información y su expresión se confunden, excluyendo así toda originalidad.”

Además, el Abogado General (AG) entiende que los Estados miembros no pueden invocar los derechos de autor que pueden ostentar sobre documentos reservados como los examinados con el fin de limitar la libertad de expresión/información, cuando lo propio sería reclamar la protección de la confidencialidad, porque en realidad era el objetivo de la demanda, que Alemania descartó desde un inicio.

Con todo, el AG finaliza recordando que corresponde a los tribunales alemanes realizar ese juicio de valor sobre la condición de obra de propiedad intelectual que la demandada siempre cuestionó, y que no se llegó a realizar en esas instancias inferiores, por lo que en primer término lo que solicita al Tribunal de Justicia es que inadmita, sin analizarla, la cuestión prejudicial planteada.

En fin, nos parece un caso interesante, que puede dar un giro. Contiene unas consideraciones que ayudan a seguir perfilando ese concepto de « originalidad », y ello en un contexto de pleno debate por la propuesta de Directiva sobre derechos de autor, que precisamente pretende garantizar el equilibrio entre la protección de los titulares de derechos y la salvaguarda del ejercicio de derechos fundamentales como la libertad de expresión y de creación por parte de los usuarios de Internet.

Continuará…

Leave A Comment