DISEÑOS DE MODA. SOBRE EL PLAGIO, LA IMITACIÓN, LA INSPIRACIÓN, Y LA LIBERTAD.

 

diseños moda

                                     [Foto: El Imparcial Oaxaca]

Constantemente nos invaden en los medios noticias o comentarios en torno a la supuesta “copia” de diseños de moda y de nuevo se polemiza al respecto, manejándose, no siempre con precisión, conceptos como el “plagio”, la “copia” o la “imitación”, con una connotación negativa en la mayoría de los casos. Una de las últimas, una relacionada con bordados de las comunidades indígenas de Oaxaca, Chiapas e Hidalgo, pero el goteo es incesante.

En la realidad de nuestro despacho muchas de las consultas que se nos formulan parten también muchas veces de una cierta confusión en torno a aquellos conceptos.

Conviene aclarar una serie de ideas equivocadas que afloran en muchos de esos comentarios, que nos ayudará a situar el debate y a formar nuestra opinión.

Para comenzar, en nuestro país, la imitación es libre, sí, aunque nos cueste creerlo, incluso cuando provoque una cierta asociación entre productos u orígenes o conlleve un aprovechamiento del esfuerzo ajeno. Nuestra sistema se basa en el principio constitucional de libre competencia que se trata de fomentar y preservar, y la Ley de Competencia Desleal (art. 11, “actos de imitación”) se encarga de recordarlo y de establecer aquellos concretos supuestos muy excepcionales (tanto que es muy difícil encontrar sentencias en sentido estimatorio) en que esa imitación pasará de ser libre a ser considerada desleal, por “indebida”. Pero debemos quitarnos de la cabeza esa idea de que el imitador es siempre por regla general un aprovechado o incluso un “pirata” por utilizar este término tan en boga, pues la imitación no es sino una manifestación más del sistema de libre competencia, que siendo siempre molesta para quien la sufre por lo que generalmente conlleva de aprovechamiento, es un motor de la economía. Habrá que estar, pues al caso concreto, para ver si se ha traspasado la línea roja.

Precisamente uno de los límites de la libre imitación se da cuando topa con derechos de exclusiva de un tercero, esto es, con una marca o con un diseño, o con una obra de propiedad intelectual.

Pero también aquí debemos aclarar, relacionándolo con ese tipo de noticias, que no todo diseño anterior tiene protección por la normativa del diseño, pues puede que, o bien no haya sido registrado, o bien ya haya vencido su plazo de protección (25 años) y sea por tanto de dominio público, o bien, estando o no registrado (porque también merecen protección los diseños no registrados en unas determinadas y estrictas condiciones), carezca en realidad de los necesarios requisitos para tener validez, esto es, la “novedad” y el “carácter singular” respecto de lo ya divulgado con anterioridad. ¡Cuántos diseños hay registrados que en realidad no son válidos, por ejemplo, por haberse divulgado con anterioridad incluso por su propio creador!

Además, habrá de analizarse el ámbito de protección de dicho diseño previo y los elementos concretos que lo singularizan antes de confrontarlo con la supuesta copia: ¿patronaje? ¿forma total o parcial?, ¿estampado?, ¿color? ¿textura?

Y aun cuando fuese un diseño válidamente registrado, su titular sólo puede impedir aquellos otros diseños posteriores que no produzcan “una impresión general distinta atendido el grado de libertad del diseñador”, y aquí el campo puede ser muy grande. Y si no estuviese registrado, sólo podrá impedir las copias posteriores idénticas, incrementándose el rigor comparativo.

Por lo tanto que dos diseños de moda sean más o menos similares o incluso tengan elementos totalmente coincidentes no significa siempre que el “imitador” haya actuado indebidamente y merezca ser denostado.

Lo mismo cabe decir del concepto de “obra de propiedad intelectual”, pues no todo fruto de la creación del diseñador por muy reputado que éste sea merecerá protección por esta vía. Se tendrá que valorar si es o no una “creación original” en el sentido de la Ley de Propiedad Intelectual, si tiene la exigida “altura creativa” que desde hace pocos años vienen exigiendo los Tribunales a los diseños para merecer dicha protección extra, y si no ha expirado el plazo de su protección (la vida del autor + 70 años después de su muerte) para valorar si merece amparo legal.

Además, el concepto de “plagio” que se maneja habitualmente en los medios a veces con cierta ligereza y que se sitúa jurídicamente en el plano de los delitos contra la propiedad intelectual, a falta de definición legal, se define doctrinalmente como la copia de la obra ajena en lo sustancial, presentándose “como una actividad material mecanizada, poco intelectual y menos creativa, aunque aporte cierta manifestación de ingenio”.

Así las cosas, ¿será plagio? ¿será imitación? ¿será inspiración? ¿será o no lícito? Habrá que estar, de nuevo, al caso concreto, y aun así, la subjetividad que impera en esta materia podría dar lugar a múltiples interpretaciones.

Por último, ya que estamos en estas lides y para acabar de aclarar todos los conceptos que se suelen manejar imprecisamente en este contexto, nos referirmos a la “falsificación”, que son palabras mayores, pues aquí ya entramos en el ámbito de lo delictivo por lo que significa de hacer pasar por producto original uno que no lo es, generando engaño respecto de su origen empresarial.

Por lo tanto, en casos como el que es objeto de las noticias con que iniciábamos este artículo, antes de cuestionar el trabajo o la intencionalidad del diseñador del vestido cuestionado, o de someterle a un linchamiento público, deberemos comenzar por preguntarnos si el diseño anterior es o no protegible por cualquiera de las vías apuntadas y sólo de superarse esta fase, valorar las circunstancias de la creación posterior para ver si encaja en los supuestos legales que son presupuesto de la infracción. Sorprendería la cantidad de casos que han generado alarma social que no superarían un procedimiento judicial.

Y si algún día te encuentras a ti mismo en alguna de estas situaciones, estés del lado que estés, antes de llevarte las manos a la cabeza, déjate asesorar. No todo es blanco o negro y ¡la vida te da sorpresas!

Leave A Comment