SEGUROS Y PROPIEDAD INDUSTRIAL. ¿CUÁNDO Y POR QUÉ?

 

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Hace unos días tuvimos la oportunidad de participar en una Jornada en el Colegio de Abogados de Barcelona dedicada a presentar una póliza de seguros para cubrir determinados riesgos en el ámbito de la propiedad industrial.

No escondemos nada si decimos que, al menos en nuestro país y hasta la fecha, éstos han sido dos mundos alejados; sin embargo, también esto está cambiando con pasos decididos y con un futuro, creemos, muy prometedor y beneficioso para una gran variedad de operadores.

Bien es cierto que se precisa un mayor grado de formación en nuestras empresas sobre el alcance y la importancia de la propiedad industrial, pero no solo de los propios derechos que puedan ostentarse o puedan llegar a ostentarse sobre marcas, diseños, patentes, sino en mayor medida para conocer los derechos que ostenten terceros. Y es aquí donde adquiere todavía más importancia el conocimiento de esa propiedad industrial del competidor, su alcance, cómo funcionan los Tribunales y cuál es el marco jurídico aplicable en los países en que pretendamos introducirnos.

En este contexto puede ser de gran importancia un seguro con el que cubrir los riesgos que podemos encontrar, pudiendo así actuar con más tranquilidad y conocimiento de causa.

Pero una póliza de seguros como la que nos ocupa no solamente puede ser de utilidad para cubrir el riesgo de un proceso por infracción, sino que asimismo debe cubrir al titular registral frente a los ataques a la validez de su título o los perjuicios que deba soportar a resultas de esa pérdida de derechos (por ejemplo por la pérdida de royalties como consecuencia de la resolución de un contrato de licencia tras la declaración de nulidad/caducidad del registro de propiedad industrial licenciado, incluso cuando no se trata del mismo derecho pero si de uno paralelo: misma patente en otro país).

No parece de entrada tarea fácil compaginar una buena cobertura de tales riesgos, que sea real, efectiva y útil, con la evidente y lícita actividad lucrativa que debe tener toda empresa, incluida lógicamente la aseguradora.

La transparencia y claridad de las pólizas son imprescindibles. Como también lo es el análisis exhaustivo de tales riesgos antes por supuesto de suscribir la póliza (o en su caso, al suscribirla) y considerar si la cobertura se limitará a la eventual condena a daños y perjuicios, o también a los gastos por todos los profesionales que puedan llegar a intervenir y no solo por las costas legales, como a su vez cubrir los costes por la retirada del producto del mercado y su sustitución por otro o los costes derivados del rebranding.

En nuestra opinión, el éxito de una póliza en materia de propiedad industrial vendrá determinado por el mencionado análisis exhaustivo de la realidad concreta en que se encuentre el asegurado, lo que le permitirá ser consciente de los riesgos que corre y asume, y de las consecuencias que puedan derivarse de los mismos, lo que evidentemente será diferente para cada asegurado, dependiendo asimismo de si pretende una cobertura global (para todos los productos, procedimientos o servicios que produzca, utilice o comercialice) o si se pretende una individual o más concreta (para un producto, procedimiento o servicio específico).

En definitiva, debemos estar muy atentos a cómo evoluciona una póliza como la que estamos hablando, los resultados de la misma y su eficacia y utilidad, que de entrada se intuye como positiva.

 

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