PROTECCIÓN DE LA IMAGEN DE UN EDIFICIO. ¿DERECHOS DE AUTOR, MARCA, DISEÑO? ¿QUO VADIS?

 

guggenheim marca

¿Cuál sería el mejor instrumento para proteger (en el sentido de intentar monopolizar) la imagen o diseño de un edificio?

Renunciando a una respuesta exhaustiva y rigurosa que obligaría a considerar muchos factores, muy especialmente cuáles serían la jurisdicción y Ley aplicables en cada caso, sí conviene diferenciar entre la “imagen” exterior del edificio, lo que comúnmente llamamos su fachada, y su diseño o configuración interior.

Esta diferenciación puede ser muy relevante en virtud de las facultades dominicales (y digamos “prohibitivas”) que puede hacer valer el  propietario de un edificio por el simple hecho de serlo, permitiéndole poner condiciones de acceso al mismo que limiten, por ejemplo, la posibilidad de hacer fotografías. Este derecho de propiedad es por tanto el que faculta al titular de un museo a impedir fotografiar las obras que están en su interior aunque los derechos de Propiedad Intelectual sobre tales obras no le pertenezcan o simplemente hayan pasado a dominio público. Cosa distinta es qué concretas acciones pudiera tener  (nosotros entendemos que ninguna) ese propietario del edificio contra aquel tercero que no hizo las fotografías (y por tanto ni siquiera cabe discutir si cumplió o no la prohibición de realizarlas) sino que se limita a utilizarlas en cualquier contexto.

La distinción entre interior y exterior (o fachada) de un edificio tampoco es algo ajeno al mundo de la Propiedad Intelectual como demuestra la sentencia del Tribunal Supremo de 26 abril 2017 (ECLI: ES:TS:2017:1644) en la que se reconoce la condición de obra original en el sentido de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) a la fachada y no al diseño interior del edificio.

El reconocimiento de la arquitectura o de las obras arquitectónicas como obras potencialmente susceptibles de ser protegidas por la Propiedad Intelectual  no ha existido desde siempre ni en todas partes. Sin embargo, tal reconocimiento y protección sí se ha ido extendiendo hasta convertirse en la regla general en la mayoría de los países.

Partiendo de esta premisa, y centrados en el “exterior” del edificio, parecería que la Propiedad Intelectual (y el monopolio de explotación que comporta) sería una buena vía (barata y cuasi “universal”) de proteger la imagen/fachada de un edificio. Sin embargo esta posibilidad también topa con algunos problemas y limitaciones.

Los problemas pueden  venir de la eventual discusión (nada extraña) entre la titularidad de los derechos de Propiedad Intelectual sobre la obra arquitectónica (que normalmente pertenecerán de forma originaria a su/s creador/es o autor/es) y la propiedad del edificio en el que se “materializa” la obra arquitectónica. Es la clásica diferenciación entre corpus mechanicum  (soporte) y corpus mysticum (obra o creación intelectual) cuya titularidad/propiedad, particularmente en las obras arquitectónicas, no acostumbra a coincidir.

En cuanto a las limitaciones en el ámbito de la Propiedad Intelectual, cabe mencionar en primer lugar la duración limitada de ese monopolio legal, que se extingue cuando la obra pasa a dominio público tras transcurrir el período legalmente previsto. Y aunque ese período pueda parecer largo (toda la vida del autor más 70 años), es evidente que para los propietarios de determinados edificios históricos (que además deben invertir en su conservación) puede resultar un mal consuelo un reconocimiento legal (el de la obra arquitectónica) que en la práctica económica de nada les sirve.

Pero la limitación que en mayor medida afecta a ese reconocimiento es la que ha venido a llamarse “libertad de panorama” establecida en algunas leyes de propiedad intelectual como una limitación al derecho de exclusiva que excluye del ius prohibendi del titular (sea quien sea) la realización y utilización de fotografías (y otro tipo de imágenes) de los edificios (y otras obras) cuando estén permanentemente ubicados en la vía pública (vid por ejemplo el art. 35.2 LPI).

Dejando de lado las razones teleológicas que puedan justificar la “libertad de panorama” (o la necesidad de matizar su actual alcance), es evidente que conlleva una reducción de la capacidad de explotación comercial que pudieran tener los propietarios de edificios singulares al no poder ampararse a sus eventuales derechos de Propiedad Intelectual para controlar, o “participar”, en la explotación que en muy distintos ámbitos pueda hacerse de la imagen exterior de “sus” edificios.

Importa decir que la “libertad de panorama” tampoco es universal ni unívoca, ni siquiera en el ámbito de la Unión Europea donde encontramos casos tan singulares como Francia o Italia en cuya legislación no se incluye tal limitación. Para una visión gráfica de la situación ver: Freedom of Panorama in Europe

La alternativa a la Propiedad Intelectual podría venir de la legislación sobre Diseño Industrial (si el edificio en cuestión fuera “novedoso” y tuviera “carácter singular”) pero su comparativamente corta vida legal (25 años en ámbito de la UE), así como las dificultades y costes que conlleva su protección transfronteriza, no permite considerarla como una opción suficientemente atractiva.

Surge así la opción del Derecho de Marcas como paradigma de los monopolios legales con el que superar algunos de los límites o problemas antes apuntados. La duración de las marcas es potencialmente ilimitada, haciendo con ello más asumibles sus costes de protección transfronteriza, y en su regulación no se encuentra una limitación equivalente (para lo que aquí nos ocupa) a la “libertad de panorama”. Además, una vez registrada la marca normalmente no se reproducen las discusiones sobre legitimación en la titularidad que sí surgen en el ámbito de la Propiedad Intelectual.

Registrar la fachada de un edificio como marca no es nada nuevo y, como en tantos otros ámbitos, los norteamericanos fueron de los primeros en optar por esta “solución” para intentar monopolizar la explotación económica de un edificio. Como ejemplo cabe citar la marca gráfica relativa a la imagen (en dibujo) del edificio Chrysler registrada en la USPTO en 1978.

chrysler

A estos efectos, podemos tomar otros dos ejemplos, esta vez de nuestro entorno más cercano, relativos a dos edificios icónicos de Barcelona: la Casa Batlló (del insigne arquitecto modernista Antoni Gaudí)

BATLLÓ

y la conocida como Torre Agbar (moderno edificio del arquitecto francés Jean Nouvel)

AGBAR

La imagen exterior (fachada) de ambos edificios se ha incorporado a sendas marcas registradas en la EUIPO pero con parámetros bien distintos:

–  En el caso de la Casa Batlló se trata de una marca mixta (gráfico/denominativa) que incluye una representación en dibujo de la fachada del edificio junto a la repetida denominación, habiéndose registrado en 2010 para 13 de las 45 clases del nomenclátor.

BATLLÓ MARCA

– En el caso de la Torre Agbar, en el año 2001 se solicitó una marca tridimensional con la siguiente representación para todas las clases (42) entonces existentes:

agbar marca

Como apuntábamos más arriba, registrar como marca la imagen (incluso fotográfica o tridimensional) de la fachada de un edificio no nos parece objetable (y las Oficinas encargadas de proceder al inicial examen de registrabilidad no deberían poner ningún impedimento apriorístico). Pero cosa distinta es el alcance de protección que deba reconocerse a estas marcas, esto es, lo que se puede impedir con ellas y lo que no, que deberá enjuiciarse teniendo en cuenta la función jurídica de las marcas (la de “distinguir” productos/servicios) y la concreta actuación (uso) que sea objeto de tal enjuiciamiento. Además, tampoco será baladí la situación de potencial caducidad por no uso con la que con bastante probabilidad se puedan encontrar esas marcas para muchos de los productos/servicios para los que se hubiera registrado.

Y volviendo al principio ¿qué pasa con la explotación de la imagen (por ejemplo a través de fotografías) de un edificio? ¿Puede el titular de tales marcas hacerlas valer para impedir (controlar) las fotografías de la fachada del edificio? ¿Podemos con esas marcas limitar la “libertad de panorama” consagrada en buena parte de las Leyes de Propiedad Intelectual de nuestro entorno?

La respuesta negativa a tales preguntas nos parece bastante clara y como precedente histórico más destacable cabe referirse a la ya vieja Sentencia dictada en el año 1998 por el Tribunal del Sexto circuito de los EE. UU. en el caso Rock and Roll Hall of Fame and Museum, Inc. v. Gentile Productions. El análisis de dicha resolución excedería el ámbito de este post, pero resolvió el conflicto sancionando que a través de una marca registrada referida a la representación de la fachada de un edificio no cabe impedir la realización y utilización de fotografías del edificio en cuestión.

Dicha resolución, y la lógica jurídica de lo que en ella se resolvió, no parece descorazonar a algunos propietarios de edificios singulares que registran como marca una imagen de su fachada y aún hoy día siguen haciendo valer dicho registro como argumento para prohibir o limitar la mera realización de fotografías del edificio. Este sería caso, por ejemplo, del museo Guggenheim de Bilbao cuyo impresionante edificio ha sido diseñado por Frank Gehry

guggenheim imagen

Una representación a dibujo de su exterior fue registrado como marca comunitaria en el año 2002

guggenheim marca

Y aún hoy en el aviso legal de la web del museo  se afirma que la “la representación gráfica del edificio del Museo Guggenheim Bilbao constituye una marca registrada de la que es titular FMGB, …, lo que le confiere el derecho exclusivo a su utilización, reproducción, comunicación pública o distribución, así como la facultad de impedir su uso por terceros no autorizados. Queda expresamente prohibida la reproducción, comunicación pública, transformación o distribución de la imagen del Museo Guggenheim Bilbao en cualquier soporte y para cualquier fin, sin el previo consentimiento expreso por escrito de FMGB.”

Un tema que sigue de actualidad y genera debate.

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